Es uno de los más tradicionales pueblos de Morelos, ubicado al nor-este del estado, se distingue por las artesanías que ahí se pueden conseguir, las famosas ollas de barro de cuatro orejas y otros utensilios de cocina, además de las bellísimas figuras que van desde ángeles y querubines, hasta soles, lunas y figuras de animales.

Para iniciar el recorrido por Tlayacapan, nada mejor que una visita al antiguo convento de San Juan Bautista, en el centro del poblado, este conjunto fue edificado en el siglo XVI y parte del patrimonio cultural de la humanidad según la lista de la UNESCO; en él se encuentra un museo de sitio en lo que fue el refectorio, la sala de profundis y la sacristía, donde se exhiben momias descubiertas al cambiar el piso del templo hace algunos años.

Abierto de martes a domingo, de 10:00 a 17:00 hrs. 

La fachada del templo está coronada por una espléndida espadaña; el atrio es de enormes proporciones, se encuentran los elementos típicos de estos conjuntos como el claustro, al norte del templo con bóvedas de tracería ricamente labrada y la excelente pintura mural de toque renacentista, además de la sacristía con una doble altura poco común en estos edificios.

Otro de los sitios que merecen una visita, es La Cerería, edificio de los siglos XVI, XVIII y XIX y que actualmente alberga al Centro Cultural; en su interior podemos apreciar tres salas de exposición permanente, un impresionante aljibe circular (lugar donde se recolecta el agua de las lluvias) y una muestra de los hornos utilizados para la fabricación de velas; el edificio cuenta con un hermoso pórtico de acceso, de ahí se accede a un pequeño museo con muestras de la cultura morelense como danzas, música, gastronomía, juguetes de cerámica policromada y las famosas ceras escamadas. Existen salones para diversos cursos.

Abierto de lunes a domingo de 9:00 a 18:00 hrs.

Para comer hay muchas opciones que versan sobre todo en comida típica de la región, le recomendamos el Restaurante Los Duendes, pero sin duda alguna, el mejor recorrido es hacerlo caminando por las calles aledañas al centro, degustando una deliciosa nieve o una agua fresca, mientras se regatean los precios de las artesanías a la venta.